“¡Chiquilloooooo, cierra esa boca!”
“Venga, come más deprisa, que se hace tarde…”
Seguro que estas frases te resultan familiares. Muchas veces las decimos pensando que se trata de una cuestión de educación o de hábitos poco cuidados. Pero, ¿y si tu hijo realmente no puede hacerlo de otra forma?
Es importante saber que en ocasiones comer con la boca abierta o dejar la comida acumulada en un lado no es una manía ni falta de interés, sino una señal de que existe un problema estructural o funcional que le impide masticar de manera eficaz.
Si tu hijo es de esos que parece un pequeño hámster, con la comida guardada en un lado de la boca, te contamos qué puede estar pasando.
¿Por qué ocurre esto?
Hay dos motivos principales por los que un niño mastica con la boca abierta o guarda el alimento en un lado:
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Necesita hacerlo para poder respirar
Es más frecuente de lo que parece. Niños con respiración oral (que no pueden respirar bien por la nariz) tienen que abrir la boca mientras mastican, porque si cierran, se quedan literalmente sin aire.
Son niños a los que, al comer, se les escucha hacer ruido al respirar o que se agobian fácilmente. Aunque insistas en que cierren la boca, no podrán hacerlo hasta que se resuelva el problema de base. -
Se cansa porque su mordida no es eficiente
Otro motivo frecuente es la presencia de alteraciones en la mordida: sobremordida profunda, mandíbula pequeña o falta de contacto adecuado entre los dientes superiores e inferiores.
Cuando la mecánica de la mandíbula no funciona correctamente, masticar se convierte en un esfuerzo. El niño se fatiga rápido, acumula la comida en un lado y va sacando trocitos poco a poco, porque es lo único que puede hacer.
En ambos casos, no se trata de un problema de comportamiento, sino de una limitación física y funcional.
¿Qué señales deben hacerte sospechar?
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Come siempre con la boca abierta.
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Guarda la comida en un lado de la boca.
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Se le hace bola y tarda mucho en tragar.
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Hace ruidos al respirar mientras mastica.
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Tiene tendencia a atragantarse o beber agua constantemente para poder tragar.
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Presenta cansancio al comer y evita ciertos alimentos.
¿Qué puedes hacer?
Lo primero y más importante es no culpabilizar ni reñir al niño, porque estas conductas son un mecanismo de compensación.
Si identificas estos signos, lo recomendable es realizar una valoración profesional de:
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La mordida y la oclusión dental.
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La función respiratoria.
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El patrón de masticación y deglución.
En nuestra clínica contamos con un enfoque interdisciplinar para detectar si se trata de un problema estructural (por ejemplo, una sobremordida profunda) o funcional (respiración oral, deglución atípica).
Si tu hijo presenta estas dificultades, no lo dejes pasar. Revisar su boca a tiempo puede evitar complicaciones en su desarrollo orofacial y mejorar su bienestar y su salud.
