Es una escena frecuente, tu bebé se calma llevándose el dedo a la boca. Parece inofensivo, incluso tierno. Pero cuando este hábito se mantiene en el tiempo, puede tener consecuencias importantes en el desarrollo orofacial y postural del niño.
Hoy hablamos de ello porque, aunque es una conducta natural en los primeros meses de vida, chupare el dedo de forma prolongada puede afectar a la boca, la cara y hasta la postura del pequeño.
¿Qué consecuencias tiene que mi bebé se chupe el dedo?
El hábito de succión digital, cuando se mantiene más allá de los primeros meses o años, puede desencadenar una serie de alteraciones que afectan a múltiples estructuras.
A nivel de boca y mordida
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Paladar estrecho, alto y ojival
La presión constante del dedo sobre el paladar impide que se desarrolle en anchura, generando un paladar alto y estrecho. -
Mordida abierta anterior
Los dientes superiores e inferiores no llegan a contactar en la zona frontal, lo que dificulta la masticación y la pronunciación de ciertos sonidos. -
Incisivos inclinados hacia delante / apiñamiento
Los dientes anteriores tienden a desplazarse hacia fuera, generando una sonrisa inestable y, en muchos casos, necesidad futura de ortodoncia. -
Mandíbula que no crece adecuadamente
La succión constante bloquea el movimiento natural de avance mandibular, lo que puede provocar una mandíbula pequeña y retraída.
A nivel de cara y cuerpo
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Cabeza adelantada e hiperlordosis cervical
La postura se altera para compensar el mal funcionamiento respiratorio y masticatorio. La cabeza se proyecta hacia delante y se genera una curva cervical excesiva. -
Hombros adelantados y tórax colapsado
La respiración oral asociada suele provocar una postura encorvada, con hombros hacia adelante y menor expansión torácica. -
Alteración en la carga del peso corporal
Todo el cuerpo se adapta, el eje postural cambia, afectando la forma en la que el niño apoya los pies al caminar o estar de pie. -
Abdomen hinchado
La mala postura, sumada a una respiración disfuncional, puede producir tensión abdominal y digestiones lentas. -
Déficit de atención y control de esfínteres
Algunos estudios relacionan la respiración oral con una peor oxigenación cerebral, que puede influir en la concentración y en procesos como el control nocturno de la vejiga.
Así crece un niño que se chupa el dedo…
Imagina el cuadro completo:
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Cabeza adelantada
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Mordida abierta
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Paladar estrecho
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Mandíbula retraída
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Hombros curvados hacia delante
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Respiración por la boca
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Y todo esto, sin que los papás sepan que el dedo tiene tanto poder
El cuerpo compensa, pero a costa de crecer con una estructura facial y corporal alterada, que puede requerir tratamiento ortodóncico, logopédico, respiratorio y postural más adelante.
¿Qué hacer si tu hijo se chupa el dedo?
No se trata de prohibir sin más, ni de alarmarse. Se trata de acompañar al niño y actuar a tiempo. Cuanto antes se abandone este hábito, menor será el impacto en su desarrollo.
En nuestra clínica, realizamos una valoración global del desarrollo orofacial y funcional, para detectar signos de alteraciones relacionadas con la succión digital. Además, te ayudamos con estrategias para acompañar este proceso de forma respetuosa y eficaz.
En resumen
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Chupar el dedo puede parecer inofensivo, pero mantenido en el tiempo, sí tiene consecuencias.
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Puede afectar a la forma de la boca, la mordida, la respiración y la postura general del cuerpo.
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Lo ideal es valorar al niño antes de los 3 años si mantiene este hábito.
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Con el acompañamiento adecuado, es posible revertir o minimizar sus efectos.
