¿Puede una mala mordida causar dolor de cuello y espalda? La conexión que debes conocer

Muchos pacientes llegan a consulta por dolor cervical, molestias en la espalda o tensión constante en los hombros. Han probado fisioterapia, masajes o ejercicios de fortalecimiento, consiguen una mejoría temporal… pero el problema vuelve una y otra vez.

En muchos de estos casos existe un factor que pocas veces se tiene en cuenta, la mordida.

La forma en la que encajan nuestros dientes, la posición de la mandíbula, el apoyo de la lengua o la manera en que respiramos forman parte de un sistema complejo que influye directamente sobre la postura corporal. Por eso, cuando una de estas piezas falla, el resto del cuerpo desarrolla mecanismos de compensación que, con el paso del tiempo, pueden traducirse en dolor o sobrecarga muscular.

Desde una visión integrativa de la odontología y la ortodoncia, entendemos que la boca no es una estructura aislada. Forma parte de un sistema funcional conectado con el cuello, la columna vertebral, la musculatura cervical y el equilibrio postural de todo el organismo.

¿Puede una mala mordida provocar dolor de espalda o cuello?

La respuesta es que puede contribuir a ello.

No todas las cervicalgias o dolores lumbares tienen origen en la mordida, pero sí existen alteraciones oclusales que modifican la posición mandibular y obligan al cuerpo a adaptarse constantemente para mantener el equilibrio.

Nuestro organismo busca siempre la estabilidad. Si una estructura cambia, el resto intenta compensarla.

Cuando esa compensación se mantiene durante años, aparecen tensiones musculares, sobrecargas articulares y alteraciones posturales que pueden acabar generando molestias persistentes.

Por eso cada vez más profesionales trabajan desde un enfoque multidisciplinar, entendiendo que la postura no depende únicamente de la columna o de los pies, sino también de la función del sistema estomatognático.

La mordida cruzada, un ejemplo muy frecuente

Uno de los casos más habituales es la mordida cruzada.

En muchos adultos con esta alteración, la mandíbula se desplaza hacia un lado para conseguir que los dientes contacten de la mejor manera posible.

A simple vista puede parecer una adaptación sin importancia, pero biomecánicamente supone un gran esfuerzo para el organismo.

La musculatura de un lado trabaja más que la del otro.

Los músculos masticatorios aumentan su actividad para mantener esa posición.

La articulación temporomandibular recibe cargas diferentes en cada lado.

Y toda esa asimetría termina transmitiéndose hacia estructuras superiores e inferiores.

Cuando el cuello empieza a compensar

La mandíbula está íntimamente relacionada con la musculatura cervical.

Músculos como el esternocleidomastoideo, los suprahioideos, los infrahioideos o los músculos suboccipitales participan continuamente en el mantenimiento de la postura de la cabeza.

Si la mandíbula se desplaza hacia un lado de forma permanente, estos músculos también modifican su patrón de trabajo.

Como consecuencia pueden aparecer:

  • Rigidez cervical.
  • Sobrecarga muscular.
  • Limitación de movimiento.
  • Dolor en la base del cráneo.
  • Cefaleas tensionales.
  • Sensación de cuello cargado.

Muchas personas llevan años tratando estas molestias sin que nadie haya observado cómo muerden.

Los hombros también cambian de posición

El cuerpo funciona como una cadena.

Si la cabeza pierde su alineación, los hombros también modifican su posición para mantener el equilibrio.

Es frecuente encontrar pacientes con:

  • Un hombro más elevado que el otro.
  • Escápulas asimétricas.
  • Diferencias en la tensión muscular entre ambos lados.
  • Sensación constante de contracturas.

Estas adaptaciones pueden mantenerse durante décadas sin que el paciente sea consciente de su origen.

La lengua: la gran protagonista olvidada

Pero si hay un elemento fundamental dentro de este sistema es la lengua.

La mayoría de las personas no piensan en ella cuando hablan de postura.

Sin embargo, su posición de reposo tiene una enorme importancia para el equilibrio craneocervical.

En condiciones normales, la lengua debe permanecer apoyada en el paladar, con los labios cerrados y respiración nasal.

Esta posición genera un equilibrio constante sobre los maxilares y favorece una correcta función muscular.

Sin embargo, en muchos pacientes con mordida cruzada encontramos una lengua baja, apoyada en el suelo de la boca.

Y esa situación cambia completamente la biomecánica del sistema.

¿Qué ocurre cuando la lengua permanece baja?

Cuando la lengua no ocupa su posición fisiológica en el paladar, la cabeza tiende a adelantarse.

¿Por qué?

Porque el organismo intenta mantener abierta la vía aérea.

Al adelantarse la cabeza:

  • Cambia la alineación cervical.
  • Aumenta la tensión muscular posterior.
  • Se modifican las curvas fisiológicas de la columna.
  • Los hombros se proyectan hacia delante.
  • La musculatura estabilizadora trabaja de forma menos eficiente.

Todo el cuerpo se adapta para seguir respirando de la manera más eficaz posible.

Por eso muchas alteraciones posturales tienen una relación directa con problemas funcionales de la boca.

La respiración también forma parte del problema

La respiración nasal es el patrón fisiológico para el que estamos diseñados.

Cuando existe una obstrucción de la vía aérea o una mala función lingual, muchas personas desarrollan respiración oral.

Este cambio tiene importantes consecuencias.

Respirar por la boca favorece:

  • La posición baja de la lengua.
  • La apertura permanente de los labios.
  • El adelantamiento de la cabeza.
  • El aumento del tono cervical.
  • Alteraciones en el crecimiento facial durante la infancia.

Y en el adulto puede perpetuar patrones posturales alterados durante años.

¿Por qué la fisioterapia a veces no es suficiente?

Muchos pacientes experimentan una mejoría tras varias sesiones de fisioterapia.

Las contracturas disminuyen.

El dolor desaparece.

La movilidad mejora.

Sin embargo, pocas semanas después los síntomas vuelven.

Esto sucede porque la musculatura sigue compensando una alteración funcional que permanece activa.

Si la mordida continúa siendo asimétrica, si la lengua sigue baja o si la respiración continúa siendo oral, el cuerpo volverá a utilizar las mismas estrategias de compensación.

El tratamiento muscular resulta muy útil, pero en determinados pacientes es necesario identificar el origen funcional del problema.

La articulación temporomandibular también puede verse afectada

La ATM es una de las articulaciones más complejas del cuerpo humano.

Trabaja miles de veces al día durante la masticación, el habla y la deglución.

Cuando existe una mordida desequilibrada, la carga sobre ambas articulaciones deja de ser simétrica.

Esto puede favorecer:

  • Chasquidos mandibulares.
  • Dolor al abrir la boca.
  • Limitación funcional.
  • Sobrecarga muscular.
  • Episodios inflamatorios.

A menudo estos síntomas aparecen junto con dolor cervical, reforzando la conexión entre ambos sistemas.

La importancia de estudiar la función y no solo los dientes

Durante muchos años la ortodoncia se centró principalmente en alinear dientes.

Hoy sabemos que eso no siempre es suficiente.

Una sonrisa bien alineada puede esconder:

  • Respiración oral.
  • Lengua baja.
  • Masticación unilateral.
  • Disfunción muscular.
  • Alteraciones posturales.

Si estos factores no se corrigen, el riesgo de recidiva aumenta y el paciente puede seguir presentando síntomas funcionales.

Por eso el estudio debe ser mucho más amplio.

No basta con observar la posición de los dientes.

Hay que analizar cómo funciona toda la boca.

Un enfoque integrativo cambia el diagnóstico

En la actualidad, muchos casos requieren la colaboración entre distintos profesionales.

Odontólogos, ortodoncistas, fisioterapeutas, logopedas, otorrinolaringólogos, osteópatas y podólogos pueden aportar información muy valiosa para comprender el origen de las compensaciones.

Cuando todos trabajan con un objetivo común, el paciente recibe un tratamiento mucho más completo.

La clave no es decidir qué disciplina tiene más importancia.

La clave es entender que todas forman parte del mismo sistema.

No todas las molestias de espalda tienen origen en la boca

Es importante aclarar este punto.

El dolor cervical o lumbar puede tener múltiples causas.

Problemas degenerativos, sobrecargas laborales, sedentarismo, lesiones deportivas o alteraciones musculares pueden estar detrás de estas molestias.

Sin embargo, cuando el dolor persiste, reaparece con frecuencia o se acompaña de signos como bruxismo, mordida cruzada, respiración oral, lengua baja o problemas en la articulación temporomandibular, merece la pena realizar una valoración funcional de la boca.

Muchas veces encontramos una pieza del puzle que había pasado desapercibida.

La solución no consiste únicamente en alinear los dientes

Corregir la mordida puede ser una parte importante del tratamiento, pero rara vez es la única.

Para obtener resultados estables es necesario abordar también:

  • La función de la lengua.
  • El patrón respiratorio.
  • La masticación.
  • La estabilidad muscular.
  • La postura.
  • Los hábitos funcionales del paciente.

Solo así conseguimos que el organismo deje de compensar constantemente.

Mirar más allá de la boca para mejorar la salud

La odontología moderna entiende que la boca forma parte de un sistema global.

Una mordida alterada puede influir en la musculatura cervical, en la posición de la cabeza y en el equilibrio postural de todo el cuerpo. Del mismo modo, una mala postura o una alteración respiratoria también pueden afectar a la función oral.

Por eso, ante dolores recurrentes de cuello o espalda que no terminan de resolverse, conviene ampliar la mirada y preguntarse: ¿cómo muerdo?, ¿cómo respiro?, ¿dónde descansa mi lengua?

En muchas ocasiones, las respuestas a estas preguntas permiten comprender mejor el origen del problema y diseñar un tratamiento más completo, eficaz y duradero.

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