Cómo detectar la hiperlaxitud y por qué cambia completamente el tratamiento

Cuando hablamos de hiperlaxitud, muchas personas piensan inmediatamente en alguien capaz de hacer movimientos sorprendentes con las articulaciones, tocarse el antebrazo con el pulgar o doblar los dedos más de lo habitual.

Sin embargo, la hiperlaxitud va mucho más allá de ser una persona «muy flexible».

De hecho, uno de los errores más frecuentes es reducirla únicamente a una característica articular, cuando en realidad estamos hablando de una condición que puede influir en numerosos sistemas del organismo y modificar por completo la forma en que entendemos el diagnóstico y el tratamiento de muchos pacientes.

Desde la odontología, la ortodoncia, la logopedia, la fisioterapia o la posturología, comprender la hiperlaxitud puede marcar la diferencia entre un tratamiento exitoso y una recidiva constante.

Porque cuando existe hiperlaxitud, la boca no trabaja sola. Y tampoco lo hace el resto del cuerpo.

¿Qué es realmente la hiperlaxitud?

La hiperlaxitud articular es una condición en la que los tejidos conectivos presentan una mayor elasticidad y una menor capacidad de estabilización de las estructuras corporales.

Esto ocurre principalmente por características específicas del colágeno, la proteína que forma parte de ligamentos, tendones, cápsulas articulares y numerosos tejidos del organismo.

En una articulación estable encontramos:

  • Ligamentos firmes y tensos.
  • Buena estabilidad mecánica.
  • Soporte adecuado de las estructuras.
  • Fibras de colágeno densas, organizadas y resistentes.

Por el contrario, en una articulación hiperlaxa encontramos:

  • Ligamentos más elásticos.
  • Menor estabilidad articular.
  • Mayor tendencia a compensar mediante la musculatura.
  • Fibras de colágeno más separadas y menos organizadas.

Esto no significa necesariamente que exista una enfermedad. Muchas personas son hiperlaxas sin presentar un trastorno del tejido conectivo diagnosticado.

Sin embargo, sí implica que su cuerpo funciona bajo unas reglas diferentes.

No es un problema exclusivo de las articulaciones

Uno de los aspectos más importantes que debemos entender es que la hiperlaxitud no afecta únicamente a rodillas, codos o dedos.

Puede influir en:

  • La respiración.
  • La postura.
  • La función lingual.
  • La articulación temporomandibular (ATM).
  • La masticación.
  • El sueño.
  • La estabilidad muscular.
  • La propiocepción.
  • El equilibrio corporal.

Por eso muchos pacientes llevan años buscando respuestas a síntomas aparentemente desconectados entre sí.

Dolor mandibular, fatiga muscular, cefaleas, bruxismo, problemas posturales o tratamientos de ortodoncia que recaen pueden tener una relación mucho más estrecha de lo que parece.

¿Cómo sospechar una hiperlaxitud en consulta?

Existen una serie de signos que suelen aparecer con frecuencia y que pueden hacernos pensar en la posibilidad de una hiperlaxitud generalizada.

Algunos de los más habituales son:

Pies planos laxos

Muchos pacientes presentan un arco plantar disminuido y una mayor movilidad del pie.

Rodillas en hiperextensión

Al colocarse de pie, las rodillas se extienden más allá de la posición considerada normal.

Dedos excesivamente flexibles

Pueden doblarse con facilidad o adoptar posiciones poco habituales.

Postura colapsada

El cuerpo parece «caerse» sobre sus estructuras pasivas en lugar de sostenerse mediante una adecuada activación muscular.

Bajo tono muscular

La musculatura suele fatigarse antes porque trabaja constantemente para compensar la falta de estabilidad ligamentosa.

Torpeza motora

Algunos niños presentan dificultades en la coordinación o en determinadas habilidades motoras.

Dolor articular frecuente

Especialmente después de actividades físicas o tras permanecer mucho tiempo en una misma postura.

Fatiga muscular

Es uno de los síntomas más comunes y menos comprendidos.

Muchos pacientes sienten que deben hacer un esfuerzo constante para mantenerse erguidos o realizar actividades cotidianas.

La boca también nos da pistas

Uno de los aspectos más interesantes de la hiperlaxitud es cómo se manifiesta dentro del sistema orofacial.

En consulta odontológica o logopédica podemos observar múltiples señales de alerta.

Entre ellas:

  • Lengua en posición baja.
  • Incompetencia labial.
  • Respiración oral.
  • Paladar estrecho.
  • Masticación ineficiente.
  • Bruxismo.
  • Trastornos temporomandibulares.
  • Recaídas ortodóncicas.

¿Por qué ocurre esto?

Porque cuando existe una menor estabilidad general del sistema, la musculatura debe trabajar más para mantener el equilibrio.

Y muchas veces no lo consigue de forma eficiente.

La relación entre respiración, postura y función oral

En condiciones ideales encontramos:

Respiración nasal y postura equilibrada

  • Boca cerrada.
  • Lengua apoyada en el paladar.
  • Respiración nasal.
  • Cabeza alineada.
  • Desarrollo craneofacial adecuado.

Sin embargo, en muchos pacientes hiperlaxos observamos:

Respiración oral y alteraciones posturales

  • Boca abierta.
  • Lengua baja.
  • Respiración oral.
  • Cabeza adelantada.
  • Menor eficiencia muscular.

Estas compensaciones pueden influir directamente en el crecimiento facial, la mordida y la estabilidad de los tratamientos.

La escala de Beighton es la herramienta más utilizada

Cuando sospechamos una hiperlaxitud generalizada, una de las herramientas más empleadas es la escala de Beighton.

Se trata de un método de cribado clínico sencillo que permite valorar la movilidad de distintas articulaciones.

Incluye la evaluación de:

  • Meñiques.
  • Pulgares.
  • Codos.
  • Rodillas.
  • Flexión anterior del tronco.

La puntuación total se realiza sobre nueve puntos.

Es importante aclarar que la escala de Beighton no establece un diagnóstico por sí sola.

Su función es identificar pacientes que podrían presentar hiperlaxitud y que requieren una valoración más completa.

Muchos pacientes viven compensando constantemente

Quizá uno de los conceptos más importantes para comprender la hiperlaxitud es el de compensación.

Cuando los ligamentos ofrecen menos estabilidad, el cuerpo busca otras formas de sostenerse.

La solución suele ser aumentar la tensión muscular.

Por eso es tan frecuente encontrar:

  • Hiperextensión cervical.
  • Temporales hipertónicos.
  • Bruxismo.
  • Cefaleas tensionales.
  • Dolor miofascial.
  • Sobrecarga muscular generalizada.

El paciente hiperlaxo muchas veces vive estabilizándose a base de esfuerzo muscular continuo.

Y ese esfuerzo tiene consecuencias.

¿Por qué cambia completamente el tratamiento?

Porque la hiperlaxitud modifica las reglas del juego.

Un tratamiento convencional puede funcionar perfectamente en un paciente con buena estabilidad estructural.

Sin embargo, en una persona hiperlaxa, ese mismo tratamiento puede mostrar una evolución diferente.

Por ejemplo:

En ortodoncia

Mover los dientes puede resultar relativamente sencillo.

Lo complicado puede ser mantener los resultados.

Si no abordamos la función, la respiración, la postura y la estabilidad muscular, el sistema tenderá a volver a sus patrones previos.

En logopedia

No basta con enseñar una nueva posición lingual.

Es necesario entender las limitaciones estructurales y la capacidad real de estabilización del paciente.

En fisioterapia

El objetivo no suele ser ganar más movilidad.

Muchas veces necesitamos mejorar control motor y estabilidad.

No es un problema local

Uno de los mayores errores es abordar únicamente la zona donde aparece el síntoma.

La hiperlaxitud afecta al sistema completo.

Intervienen tres grandes componentes:

Receptores (entrada)

Toda la información sensorial que recibe el cuerpo.

Sistema nervioso central

Procesa la información y organiza las respuestas.

Efectores (músculos)

Ejecutan las acciones necesarias para mantener la estabilidad.

Cuando alguno de estos elementos trabaja con dificultades, aparecen compensaciones.

Por eso la visión global resulta tan importante.

¿Por qué algunos tratamientos recidivan?

Esta es probablemente una de las preguntas más relevantes.

Muchos pacientes realizan tratamientos correctamente y aun así experimentan recaídas.

La explicación suele encontrarse en la función.

Si solo modificamos la posición de los dientes, pero no mejoramos:

  • La respiración.
  • La función lingual.
  • La estabilidad postural.
  • El control neuromuscular.

El organismo buscará volver a los patrones que le resultan más eficientes para compensar.

No porque el tratamiento haya estado mal realizado.

Sino porque el sistema completo no ha cambiado.

El verdadero objetivo del tratamiento

Cuando trabajamos con pacientes hiperlaxos, nuestros objetivos deben ir mucho más allá de la estética o la posición dental.

Buscamos:

  • Mejorar la estabilidad global.
  • Disminuir compensaciones musculares.
  • Optimizar la función respiratoria y oral.
  • Favorecer una mejor regulación neuromuscular.
  • Reducir la fatiga y el dolor.
  • Aumentar la eficiencia del sistema.

En definitiva, buscamos que el cuerpo necesite compensar menos.

La importancia del trabajo transdisciplinar

La hiperlaxitud es uno de los mejores ejemplos de por qué los profesionales sanitarios debemos trabajar en equipo.

En muchos casos puede ser necesaria la colaboración entre:

  • Odontología.
  • Ortodoncia.
  • Logopedia.
  • Fisioterapia.
  • Osteopatía.
  • Podología.
  • Otorrinolaringología.
  • Pediatría.

Cada disciplina aporta una parte fundamental de la información.

Y cuando todas se integran, el paciente recibe una atención mucho más completa.

Una mirada más amplia para obtener mejores resultados

La hiperlaxitud no es simplemente «ser flexible».

Es una característica del tejido conectivo que puede influir profundamente en la respiración, la postura, la función oral, la estabilidad muscular y la evolución de numerosos tratamientos.

Por eso, cuando identificamos a un paciente hiperlaxo, nuestra manera de evaluar y tratar cambia por completo.

Porque entendemos que el problema rara vez está en una sola estructura.

La clave está en mirar el sistema en conjunto.

Y precisamente ahí es donde encontramos las mejores oportunidades para mejorar la salud, la función y la calidad de vida de nuestros pacientes.

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