La posición que adopta la lengua a lo largo del día y durante actos tan repetidos como tragar tiene un impacto directo en la salud orofacial, tanto en niños como en adultos.
Cuando hablamos de salud oral, solemos pensar en dientes, caries o encías. Sin embargo, hay un gran protagonista silencioso que condiciona mucho más de lo que imaginamos el desarrollo de la boca, la forma de la cara, la respiración y hasta la postura corporal, la lengua.
Hoy queremos hablaros de algo fundamental y, a menudo, desconocido, la posición de la lengua en reposo y durante la deglución. Dos situaciones distintas, pero íntimamente relacionadas, que comparten un mismo objetivo funcional, crear un equilibrio adecuado dentro de la cavidad oral.
Y aquí viene un dato importante, tragamos entre 600 y 2.000 veces al día.
Posición de la lengua en reposo, el punto de partida
La posición de reposo es la postura que adopta la lengua cuando no hablamos, no comemos y no tragamos. Es decir, la mayor parte del día.
Una posición correcta de la lengua en reposo cumple varias funciones esenciales:
-
Estimula el crecimiento transversal del paladar.
-
Favorece una respiración nasal adecuada.
-
Mantiene el equilibrio entre labios, mejillas y mandíbula.
-
Previene alteraciones en la mordida y en la posición dental.
¿Cuál es la posición correcta?
En reposo, la lengua debe:
-
Estar elevada, apoyada suavemente contra el paladar.
-
Con la punta en contacto con la zona justo detrás de los incisivos superiores, sin empujar los dientes.
-
Los laterales de la lengua deben contactar con el paladar, creando un sellado suave.
-
Los dientes pueden estar ligeramente separados o en contacto leve.
-
Los labios cerrados, sin tensión.
Esta posición genera un vacío fisiológico dentro de la cavidad oral, que estabiliza toda la musculatura.
Para ayudar a recordar esta posición, utilizamos una regla nemotécnica muy sencilla, piensa en la “N».
Cuando pronunciamos la letra N, la punta de la lengua se coloca de forma natural en el punto correcto del paladar.
Esa es exactamente la posición que buscamos para la lengua en reposo.
Es simple, fácil de recordar y muy eficaz tanto para niños como para adultos.
La lengua durante la deglución, un movimiento preciso y coordinado
La deglución es un acto reflejo, pero altamente complejo. En ella participan múltiples estructuras, como la lengua, músculos suprahioideos, mandíbula, labios, faringe y sistema nervioso central.
Aunque la posición de la lengua en reposo y durante la deglución es similar, hay una diferencia clave, el tiempo y la intensidad del movimiento.
Durante la deglución, el vacío intraoral se crea de forma rápida y precisa, permitiendo que la lengua:
-
Se eleve firmemente.
-
Se apoye contra el paladar.
-
Empuje el bolo alimenticio hacia atrás, en dirección a la faringe.
Este movimiento no debe implicar empujes contra los dientes ni contracciones exageradas de labios o mentón.
El papel clave de la musculatura suprahioidea
En este proceso, la musculatura suprahioidea desempeña un papel fundamental.
Estos músculos:
-
Elevan el hueso hioides.
-
Facilitan el ascenso de la laringe.
-
Ayudan a que el bolo alimenticio se dirija hacia arriba y hacia atrás.
Cuando esta musculatura trabaja de forma coordinada con la lengua, la deglución es:
-
Eficiente.
-
Silenciosa.
-
Sin compensaciones.
Si este sistema falla, aparecen patrones alterados como la deglución atípica, empujes linguales o contracciones excesivas del mentón y los labios.
¿Qué ocurre cuando la lengua no se coloca bien?
Una posición incorrecta de la lengua, tanto en reposo como al tragar, puede tener consecuencias a corto y largo plazo:
-
Mordidas abiertas o cruzadas.
-
Apiñamientos dentales.
-
Paladares estrechos.
-
Respiración oral.
-
Alteraciones en el habla.
-
Dolor orofacial o de ATM.
-
Recaídas tras tratamientos de ortodoncia.
Por eso insistimos tanto en que no basta con alinear dientes si no corregimos la función.
Lengua, vacío y equilibrio
Tanto en reposo como durante la deglución, la lengua crea un vacío dentro de la cavidad oral. Este vacío es una señal de que el sistema está funcionando correctamente.
No se trata de hacer fuerza, sino de:
-
Activación suave.
-
Coordinación muscular.
-
Estabilidad.
La lengua no empuja, sostiene. No invade espacios, los equilibra.
La importancia de la detección temprana
En niños, observar la posición de la lengua es clave para:
-
Detectar hábitos nocivos.
-
Prevenir alteraciones en el crecimiento facial.
-
Intervenir antes de que el problema se estructure.
En adultos, trabajar la función lingual es fundamental para:
-
Mantener los resultados de la ortodoncia.
-
Reducir tensiones musculares.
-
Mejorar la respiración y la calidad del sueño.
Nunca es tarde para reeducar la lengua, pero cuanto antes se haga, mejor.
Educación y conciencia, la base del cambio
Uno de nuestros principales objetivos es crear conciencia. Muchas familias nunca han oído hablar de la posición de la lengua en reposo, y sin embargo, es algo que su hijo hace (bien o mal) miles de veces al día.
Explicar, mostrar y entrenar esta función de forma sencilla marca la diferencia.
Y aquí volvemos a nuestra regla estrella, lengua arriba y piensa en la “N».
Y recuerda:
-
La lengua es clave en la salud orofacial.
-
Su posición en reposo y durante la deglución debe ser elevada y estable.
-
En ambas situaciones se crea un vacío intraoral, aunque durante la deglución este es rápido y preciso.
-
La musculatura suprahioidea es esencial para una deglución eficaz.
-
Una mala posición mantenida en el tiempo puede generar múltiples alteraciones.
-
La reeducación miofuncional es una herramienta fundamental.
La lengua trabaja en silencio, pero sus efectos se notan en todo el sistema. Escucharla, observarla y educarla es una inversión directa en salud.
