La posturología es una disciplina apasionante. En nuestra clínica lo comprobamos cada vez que nos sentamos juntas, odontóloga y podóloga, a valorar a un mismo paciente. Más allá de tratar síntomas aislados, nos encanta observar el cuerpo como un todo, charlar, contrastar puntos de vista y poner en común conocimientos de cada especialidad. Porque cuando el sistema está alterado, rara vez el origen está en un único lugar.
En estos encuentros surgen conversaciones muy reveladoras. Esta vez, queremos hablarte de los signos que aparecen en la boca y que pueden acabar alterando la pisada e incluso la forma de andar, tanto en niños como en adultos. Y si te preguntas cómo se diagnostica todo esto, quédate hasta el final, porque ahí está una de las claves más interesantes.
La posturología, entender el cuerpo como un sistema global
La posturología estudia cómo el cuerpo humano se mantiene en equilibrio frente a la gravedad y cómo se adapta al entorno. Para ello analiza diferentes “captores posturales”, es decir, sistemas que reciben y envían información constantemente al sistema nervioso central. Entre los más importantes están:
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Los pies.
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La boca (dientes, articulaciones temporomandibulares, lengua, mucosas).
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Los ojos.
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El sistema vestibular (oído interno).
Estos captores no funcionan de manera aislada. Están conectados entre sí y cualquier alteración en uno de ellos puede generar compensaciones en otras zonas del cuerpo. Por eso, a veces, un problema que parece solo dental o solo del pie acaba manifestándose como dolor cervical, lumbar, alteraciones en la marcha o desequilibrios posturales globales.
Pies y boca, una relación más estrecha de lo que imaginas
Puede sorprender, pero pies y boca están íntimamente conectados a través del sistema nervioso central. Ambos reciben información sensorial constante y ambos influyen en cómo nos colocamos, cómo nos movemos y cómo repartimos las cargas al estar de pie o al caminar.
La información puede viajar:
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De arriba hacia abajo: una alteración en la mordida modifica la postura de la cabeza, el cuello y la columna, y acaba repercutiendo en la pelvis y en la pisada.
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De abajo hacia arriba: una alteración en los pies o en la forma de caminar puede generar adaptaciones ascendentes que llegan hasta la mandíbula y la musculatura facial.
Por eso, cuando valoramos a un paciente desde un enfoque integrativo, no nos quedamos solo en la boca o solo en los pies. Miramos el conjunto.
Signos en la boca que pueden alterar la postura y la pisada
Existen determinados signos orales que, desde la posturología, consideramos auténticos “warning signs” (señales de alerta). No significan automáticamente que haya un problema postural, pero sí nos indican que conviene mirar más allá.
1. Sobremordida profunda
La sobremordida ocurre cuando los dientes superiores cubren en exceso a los inferiores. Si observas el perfil del paciente, casi siempre va acompañada de una mandíbula hipoplásica, es decir, una mandíbula que ha crecido poco o hacia atrás.
Este tipo de mordida puede provocar:
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Cambios en la posición de la cabeza.
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Tensión en la musculatura cervical.
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Adaptaciones en la columna vertebral.
Con el tiempo, estas adaptaciones pueden repercutir en la pelvis y en la forma de apoyar los pies, alterando la pisada.
2. Ausencias dentales mantenidas en el tiempo
La pérdida de uno o varios dientes no es solo un problema estético o masticatorio. Cuando existen múltiples ausencias dentales, especialmente si llevan muchos años sin reponerse, se producen cambios importantes:
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Los dientes vecinos se vuelcan.
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Se altera la mordida.
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Se modifica la distribución de fuerzas al masticar.
Todo esto genera asimetrías funcionales que el cuerpo intenta compensar. Estas compensaciones pueden acabar reflejándose en desequilibrios posturales y, en algunos casos, en alteraciones de la marcha.
3. Mordidas cruzadas
Hablamos de mordida cruzada cuando los dientes superiores muerden por dentro de los inferiores. Es uno de los signos que más claramente nos hacen levantar la ceja desde un punto de vista postural.
Las mordidas cruzadas suelen ir acompañadas de:
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Asimetrías faciales.
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Desviaciones mandibulares.
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Cargas musculares descompensadas.
Estas asimetrías no se quedan solo en la cara. Muchas veces se reflejan en el apoyo de los pies, con un reparto desigual de cargas entre un lado y otro del cuerpo.
4. Dolor y disfunción de la ATM
Pacientes que presentan:
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Dolor en la articulación temporomandibular.
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Chasquidos o crujidos al abrir o cerrar la boca.
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Sensación de rigidez o inflamación.
También pueden estar mostrando un problema que va más allá de la boca. La ATM está íntimamente relacionada con la postura craneocervical, y cualquier alteración en esta zona puede generar una cascada de compensaciones posturales descendentes.
¿Y en los niños?
En niños, este enfoque es todavía más importante. El cuerpo está en pleno desarrollo y es altamente plástico. Una alteración mantenida en el tiempo puede influir en:
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El crecimiento de los maxilares.
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La alineación de la columna.
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La forma de caminar.
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La coordinación y el equilibrio.
Detectar estas señales de forma temprana permite intervenir antes de que el cuerpo “aprenda” una mala postura como algo normal.
¿Cómo se diagnostica esta relación boca–postura–pies?
Aquí llega una de las partes más interesantes. El diagnóstico no se basa en una única prueba, sino en una valoración conjunta y multidisciplinar.
Desde odontología valoramos:
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Mordida y oclusión.
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Relación entre maxilares.
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ATM y musculatura orofacial.
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Funciones como la respiración, la deglución y la masticación.
Desde podología se analiza:
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La pisada estática y dinámica.
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El reparto de cargas.
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La forma de caminar.
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Posibles compensaciones ascendentes.
Y desde la posturología se integran todos estos datos para entender qué está influyendo en qué, y en qué orden.
La importancia del trabajo en equipo
Cuando odontología y podología trabajan juntas, la mirada cambia por completo. Dejamos de tratar solo síntomas y empezamos a entender el origen de muchos desequilibrios.
No se trata de que todos los problemas de postura vengan de la boca, ni de que todas las alteraciones bucales se solucionen mirando los pies. Se trata de comprender que el cuerpo es un sistema interconectado y que, a veces, la solución está en la colaboración entre especialidades.
Por eso, la podología y odontología en la misma sala tiene todo el sentido. Porque cuando conectamos conocimientos, el verdadero beneficiado es el paciente.
